Los profesores me felicitaron por mi baile, los compañeros de curso de mi hermana y mi Mamá y el Pato, que me sacaron fotos y me vieron y apoyaron todo el tiempo. Pero…pero yo no me sentía feliz e innumerables veces rompí a llorar, no sé si por tristeza, rabia o un extraño sentimiento de traición. Al menos mi nota estaba asegurada, y aunque yo no lo creyera, había quedado como una niña valiente, que estaba logrando superarse a sí misma y dejar salir un poco de su verdadera personalidad, de volver a ser la de antes. Y debí escucharlos. Siempre me he dicho ‘Primero yo, luego el resto”, aunque en realidad sea más preocupada de los demás de lo que realmente quisiera…y no llego a entender aún si me sentí mal porque el Alonso me dejara sola o por un capricho estúpido que me decía que sólo quería bailar con él. Es lo mismo o no? No lo sé, y no quiero pensar en eso ahora, quiero pensar que es diferente y Dios quiera, olvidar ese odioso día para siempre. Aunque no todo fue horrible, debo aceptarlo: comí mucho, me reí y me sentí acogida en cierta forma, no sólo por mi familia. Y es que cuando más sola me sentía, más gente había a mi alrededor y aunque los estúpidos que se burlan de uno nunca faltan, cualquier posible efecto colateral debido a la experiencia desapareció. Si, ahora estoy bien y aunque a veces quiera llorar, para desahogarme, para dejar salir esa tristeza que creo aún me ahoga, no puedo.

Entre la impresionante cantidad de gente que estaba por todos lados, el ruido y el humo proveniente de los stands donde se cocinaba distintos tipos de comida, seguro que costaba un montón encontrar a alguien. Pero no iba a rendirme sin siquiera intentarlo. Recorrí el lugar varias veces, intentando divisar a la Javiera, para tener algo de compañía (no podía quedarme al lado de la Mamá y el Pato todo el día) y alguien en quien apoyarme. Ah, ella es una persona de mucha confianza para mí, y por sus actitudes me doy cuenta que si es una buena amiga. Y bueno, no voy a mentir, al Alonso también lo busqué…aunque ni siquiera se me cruzó por la cabeza la posibilidad de hallarlo, dado que mis esperanzas estaban por el suelo.

Por consejo de mi madre me acerqué al profesor de Matemáticas (y profesor jefe de mi curso también), que estaba en la puerta cobrando entrada a los no-estudiantes que asistían al “evento”. Siendo el único lugar por el que se podía entrar, no era más que probable que haya visto a alguien? Le pregunté por mi amiga, a lo que respondió que no la había visto; pero respecto a mi pareja de baile, me comentó que había ido, preguntado la hora de nuestra presentación y regresado, quien sabe a donde. Casi se me salió el corazón por la boca: mis temores eran ahora una clara e innegable realidad. Con quién bailaría, entonces? Para ese momento faltaba alrededor de una hora para mi evaluación, pero ya estaba preocupada.

Ni siquiera pude responder cuando la Mamá me preguntó sonriendo como me había ido. Me llevé una mano al cuello, insinuando que quería ir al baño a botar unas cuantas flemas, valiéndome que todos en mi casa sabían que estaba algo mal del pecho. Cuando en realidad, fui a llorar, a llorar porque de nuevo me había dejado plantada. Oh, pero al parecer ocultar mis sentimientos no se me da muy bien frente a mi progenitora (y que no es por eso que ella es mi madre?), así que dentro de nada me encontré en sus brazos, llorando y oyendo sus palabras que no tenían otro fin más que consolarme. Con cosas como esas, es que me doy cuenta que por mucho que diga muchas veces que nadie me entiende, mi suposición es sencillamente incorrecta y desatinada, sin exagerar; es más, mi madre me dijo con una sonrisa que ya me conocía y que venía preparada, mientras me pasaba un pañuelo para que me secara el rostro. Sabía entonces que a la primera tentativa de quedarme sola en un día tan importante como ese no aguantaría más y cedería a mi frágil corazón? Sabiendo ya que he vivido con ella desde siempre, no puedo menos que afirmar que sí.

Después de convencerme de que no podía seguir lamentándome por algo que todavía no era seguro, me decidí a disfrutar lo más que pudiera. Comí, bebí (no alcohol, ni siquiera se les pase por la cabeza) y disfruté del espectáculo. De todos modos, qué más podía hacer? Escribir el nombre del Alonso en la Death Note apenas fuera a la casa, o alguna otra tontería como esa? Fue entonces cuando, mientras me tomaba un vaso de Coca-Cola cerca de la puerta, lanzando miradas fugaces a ella, lo vi. Caminando con toda calma como si tuviera todo el tiempo del mundo, sin enterarse siquiera de la semana del terror que había pasado por su causa. El corazón se me aceleró y me sentí acalorada; recuerdo que lo único que quería hacer era salir corriendo y no que me saludara frente a la Mamá y el Pato, para que luego ellos me preguntaran quien era. No iba a mentirles, y creo que me hubiera dado mucha vergüenza decirles que él era mi pareja de baile, de quien había hablado noche y día, y a decir verdad, ahora tampoco pretendo presentárselos. Lo peor es que la Camila (creo que no lo he dicho…es mi hermana menor, de diez años) insiste en que se lo muestre apenas lleguemos al colegio el próximo lunes y que si no quiero hacerlo ella va a descubrir quien es por sus propios medios. Se puede saber que tiene de especial el Alonso para que quiera verlo? No es ningún modelo de belleza celestial, ni su voz es melodiosa, ni tiene una buena figura. Es un tipo normal y ya.

La Camila estaba con su curso, por algún lado, puesto que presentaría pronto, pero ni la Mamá, ni el Pato, ni yo sabíamos la hora exacta. Por eso es que mi madre se preguntaba a qué hora saldría para ir a verla, y fue ahí cuando me ofrecí a buscar al profesor de Educación Física, que tenía en su poder el programa, con tal de alejarme del lugar. Bueno, al fin y al cabo no lo encontré, pero daba saltitos por todos lados, como un niña de cinco años con un peluche nuevo. Ah, al fin podía sentirme algo mejor!

Al poco llegó la Javiera, y a ella si que se la mostré a la Mamá y al Pato. La Mamá dijo que parecía una buena persona, y me alegró bastante que no la vieran con malos ojos ya que yo sabía que así era. Fuimos al baño, donde ayudé a mi amiga a ponerse el traje de huasa y verse más normal, ya que como estaba vestida al llegar se veía muy distinta…creo que era el maquillaje (que se veía desde China), que la hacía ver bastante extraña, puesto que en el colegio siempre está con la cara al natural. Cómo cambia el maquillaje a la gente!

Con una hiperactividad extremadamente rara en mí, le informé de la llegada de mi pareja de baile, sin miedo a mostrar mi felicidad entre la complicidad que existe entre ambas. Creo que la dejé harta de hablar de él y hacer comparaciones con amigos visual míos cada cinco segundos, pero no podía evitarlo, sinceramente. Seguro que eso daba a que cualquiera comenzara con alguna suspicacia, pero cómo no hacerlo si yo misma planto siempre la idea frente a ellos? Si no fuera porque confío en la Javiera, hubiera estado callada, eso sí. Pero ella pensaría algo también? Es que me gusta que sospechen de mí? Espero llegar a saberlo algún día.

Resumiendo, me fui a cambiar de ropa en cuanto salí del baño con la Javiera. Al poco volví vestida, peinada y maquillada (contra mi voluntad, claro) como una huasa campesina y esperando con ansias la hora de mi presentación. Lo primero que me dijo la Javiera al llegar fue como una cachetada (Oye el Alonso dijo que no va a bailar) y admito que me dejó muy descolocada. Para qué mierda había ido entonces? A burlarse de mí? Pensaba que me iba a tranquilizar al verlo? Y por qué puñeta no me dijo a mí primero, y desde un principio?

El hecho de que al encontrarme con él, más que enojada, lo primero que me dijera fuera que me veía linda, provocó que me avergonzara mucho y sintiendo un hormigueo en la cara, la escondí detrás del pañuelo disimuladamente. Ahá! Era un plan? Si el resto del día dijo alguno que otro “cumplido” y unas cuantas bromas, típicas de él, y claro, se rió de mí. Pero todo era más soportable que el hecho de que me dejara sola, cuando ya le había hallado el gusto a bailar a su lado.

Antes de que oscureciera lo perdí de vista y no volví a verlo más. Llegó la hora del baile, y llorando, acepté una pareja provisional, y creo que salió bastante bien. Como ya dije, todos me felicitaron, pero yo no fui capaz de sonreír. La profesora de Arte, la Javiera y la Mamá intentaron consolarme, pero no pudieron.Así, me fui a mi casa con el corazón roto y con una sensación de furia que por varios días no se borró. Lloré mucho por un par de días, pero acepto que luego fui incapaz de soltar una sola lágrima, y lo único que quería era que fuera lunes para matar al Alonso de un sillazo.

Pero tenía que pasarme todo en medio de la semana de vacaciones de Fiestas Patrias? Por qué precisamente cuando no las quería tenían que llegar?!

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