Juro que el miércoles había estado todo el día con mucho ánimo (excepto quizás por la clase de Historia, que sin ofender al profesor es de lo más fome y monótona del mundo). Siendo así, por qué la última hora y desde que llegué a la casa no quedaba rastro alguno del vigor que antes de acompañaba? Se esfumó? Así, sin más? Por qué estaba tan molesta y tan decaída? Culpa del colegio mismo? No lo supe en ese momento, y para ser sincera ahora tampoco.

Empezaré por el principio, como se debe. No es lo único raro que me ha sucedido; esta semana he puesto la alarma en mi celular y sin rechistar me he levantado sola, muy temprano, para ir al colegio. Perdón?! Hasta donde sé, odio el colegio. Y por qué entonces semejante actitud? Nunca lo imaginé en verdad, pero puede ser en parte por la semana de ensayos para la peña folclórica en que el colegio entero está sumido. Creo que nunca me emocionó tanto bailar cueca: el compañero con que bailo me acomoda mucho y me parece muy agradable, otros me han pedido practicar con ellos (cosa que definitivamente no hubiera sucedido si continuara en el mismo colegio del año pasado) y no se han burlado de mí, y eso es algo que me alegra sobremanera.

Ah, pero no todo es alegría, y es precisamente de eso de lo que necesito hablar. La Javiera lo sabe porque ella estuvo allí y Tetsu, porque yo se lo conté pidiendo ayuda emocional. Es estúpido, lo sé. Para la risa, y seguramente algún día yo misma me reiré, pero ahora no. Supondrán que de ahí viene el título, no? Debo confirmar su suposición.

Mi pareja de baile se llama Alonso (jojoj, como el segundo nombre de un primo) y el lunes, este lunes, no fue a clases. Argh, se imaginarán cuanto me enojé! Ansiosa por bailar todo el fin de semana para que al…tal por cual, se le ocurra dejarme plantada?! Le aposté a la Javiera una sopaipilla del negocio del colegio a que al otro día me quedaba sola de nuevo, y haciéndomela otra vez, se le ocurre ir! Perdí la apuesta, claro está, como siempre (las apuestas no son lo mío, eso seguro), pero por otro lado estaba feliz de la vida por tener con quien bailar en el ensayo de ese día, el martes.

Llegó la hora y entre ansiosa y nerviosa, fui al gimnasio con mi curso. Cuando llegó mi turno de bailar, me borré completamente, sintiendo que la cara, las orejas, el corazón, todo, se me quemaba de la rabia y la vergüenza. En el momento creí que el hecho de que toda la enseñanza media estuviera mirando me nubló, y puede que efectivamente haya sido eso. Oh, por qué todo debe pasarme a mí, por muy melodramático que suene? El Alonso me recordó todos los pasos aún en la pista de baile y luego, abochornada todavía, me fui hacia la pared, me senté en el suelo sujetando mis rodillas, a punto de llorar. Mi pareja, la que tanto había demorado en hallar, fue a bailar con la Javiera mi cueca favorita, la Consentida {déjame que te llame, la Consentida, porque todo consigues mi vida con tus porfías…Consentida del alma, amor de amores, que todito te doy, mi vida, pa’ que no llores} y ahí si que me sentí fatal.El recuerdo está algo distorsionado, pero comprendan que si no lo cuento pronto, creo que no lo haré jamás. Cuando terminaron se quedaron a unos cuantos pasos de mí, hablando entre ellos. Ambos me llamaron para que fuera con ellos, la Javiera más insistente que él, y luego de que me compañero me llamara una última vez y me tendiera una mano para ayudarme a ponerme de pie, me paré y me senté en los escalones de la pequeña escalera que se encontraba detrás de ellos. Mi amiga me preguntó repetidas veces que me pasó, y sólo el Alonso respondió. Que se me olvidó todo. También me preguntó que me pasaba en el momento, y yo sólo respondí con un tenue y ahogado “nada” o una negación de la cabeza, cuando por dentro sentía el corazón oprimido. Solté varias lágrimas, que me sequé con la mano, la manga de la chaqueta y el pañuelo, lo más disimuladamente que pude. Traté de simular que estaba amurrada, así que puse cara de aburrida, pero no funcionó. Que rayos, los malditos mocos se me caían; sólo un tonto no vería lo mal que me encontraba.

El Alonso se agachó frente a mí y me vio a los ojos y yo, como siempre que tengo miedo, desvié su mirada. Me puso una mano en la rodilla y me preguntó qué me pasaba y que no podía decir que nada porque sabía que no era así. Repetí con él la afirmación que di a la Javiera antes, sin convicción, pero él se quedó ahí lo suficiente como para hacerme pensar en pedirle perdón, por arruinarlo todo, por ser una pareja inútil y llorona. Pero no pude, y como me quedara la sensación de que se enojó conmigo, me sentí peor.

A la salida, le conté todo a la Javiera.

Tetsu dijo que era normal que llorara y que según él, el Alonso sólo se había preocupado por mí, nada más. Cuando Tetsu me veía llorar, me abrazaba, porque era el mejor consuelo posible y a mí me gustaba eso. Un abrazo, el abrazo de un ajeno a mi familia, lo que en verdad necesité, necesito y necesitaré. Sólo un abrazo.

Mi compañero no parecía enojado, como comprobé el miércoles, pero al ensayar quiso bailar primero con la Javiera y si no es por ella que lo manda conmigo, así hubiera sido. Y eso que el mismo día nos llevaron a mi amiga y a mí junto con otros antes que el resto al gimnasio a ensayar y él aún no había llegado, yo, únicamente yo lo fui a buscar a la sala, corriendo el riesgo de que el profesor de Educación Física me retara y más encima lo salvé de una clase fome! Pescó más a la Javiera, así de simple. Al final de la última hora volvió a agacharse frente a mí, con una sonrisa, viéndome a los ojos y comentado que tenía cara de aburrida. Una vez más desvié su mirada aunque ahora menos y dije que no tímidamente, aunque fuera mentira.

A la salida me chasconeó el pelo, simplemente.

Si no le importara, ni siquiera hubiera reparado en mí, verdad?

El jueves ni siquiera quiso ensayar. Dio un rotundo no que me hizo sentir pésimo, realmente. Cómo no estar mal si pareciera que le molesto a mi pareja? El momento en que más estuvimos juntos fue cuando hacíamos un trabajo, con la Javiera también. Claro, sigue hablándole más a ella y eso si que me dejó bastante molesta todo el resto del día y apenas si abrí la boca.

Hoy ni siquiera fue, y la Javiera tampoco. En cuanto me vi sola, no pude evitar sentirme mal y tener muchas ganas de llorar, que dejé para el recreo. El profesor de Matemáticas me vio y me preguntó si estaba triste, a lo que respondí que si con una mano en los ojos y una mueca a causa del llanto; le pregunté si podía ir al baño y él me dejó. Allí lo solté todo y lloré mucho…Me mojé la cara y me la sequé con el pañuelo. Mi ánimo no mejoró para nada y es más, aun me siento muy mal.

La peña folclórica es mañana sábado y ni siquiera sé si el Alonso va a ir a bailar conmigo.

Por último, quiero agradecer a Lemuria, que en cuanto le dije de mi nuevo blog vino a visitarme y me dejó un comentario, que agradezco por él y por el apoyo. Así que lo mismo que me dijiste va para tí, también mucho ánimo, y no te preocupes por la edad, porque yo en mi curso que debe ser entre catorce y quince años, tengo compañeros de diecisiete. Y lo peor es que casi ni se les nota!

Anuncios